Corría el año 1993 y Jeff Waters, guitarrista y fundador de ANNIHILATOR, tan sólo conserva la compañía del bajista Wayne Darley si ponemos la vista en los miembros originales. Los nuevos componentes son Aaron Randall a la voz, Mike Mangini a la batería y Neil Goldberg como segundo guitarra. Con este equipo se publica Set the World on Fire contando como ingeniero con Max Norman, por entonces también productor de MEGADETH.
Entre Epic y Roadrunner Records se repartieron el lanzamiento y la apuesta comercial se hizo notar. Ya no sólo por la suavización del sonido de la banda, sino que, además, podías verla copando la portada de revistas como Metal Hammer.
Dicho esto, su nueva propuesta musical conlleva un sonido totalmente renovado. El tema que daba título al disco, «Set the World on Fire», de temática medioambiental, se eligió como primer sencillo y como no podía ser de otro modo vino acompañado por un videoclip de apoyo. Era uno de los cortes más agresivos del disco, pero ahí ya se notaba que la dureza musical de los canadienses había menguado. Le seguía «No Zone», el corte más rápido del disco, pero en ningún momento casa con los patrones del thrash metal que caracterizó a la banda. Si bien la influencia de Roadrunner Records, que instó a ANNIHILATOR a suavizar su sonido en aras de una proyección comercial mayor, el amargo recuerdo de la exnovia de Waters también tuvo un papel en las letras de este álbum. Así se construye «Bats in the Belfry» y «Snake in the Grass» que no son precisamente un tributo, más bien hablan de esta chica en cuestión no con mucho cariño, sobre todo la segunda, que amaga como una balada y termina echando sapos por la boca. El tema más llamativo e inesperado fue la balada «Phoenix Rising», que verdaderamente abre unas nuevas miras para el grupo y que pese a sus detractores no elude ser uno de los grandes momentos del álbum. Waters se inspiró en la muerte por cáncer de su tía y quiso homenajearla de este modo. «Knight Jumps the Queen», un tema que toma la letra como una partida de ajedrez, es de los que mejor ha soportado el paso del tiempo, siendo una de las piezas clave cuando se trata de recordar este disco en directo. Posiblemente «Sounds Good to Me» no le sonara tan bien a los viejos fans del grupo por su cariz meloso y melódico, muy irreconocible para un grupo como ANNIHILATOR, pero no deja de ser una buena canción. Más animada y afilada resulta «The Edge», antes de que en los riffs de «Don’t Bother Me» resuenen los ecos de antaño, pero una vez más, el giro que toman las melodías vocales hace resplandecer este lavado de cara. El álbum se clausura con la cambiante e ingeniosa «Brain Dance», donde la típica letra tonta de ANNIHILATOR y los cambios de ritmo campan a sus anchas.
En general, los temas circulan por un camino más lindante a la comercialidad, atenuando la furia sonora de álbumes anteriores. Los riffs y las líneas de voz son más accesibles de cara al gran público. No obstante, esto no va a ser óbice para que, en líneas generales, estemos hablando de un disco cuya magnitud no se puede obviar.
Tres años después Waters lo analizaba de este modo: «Nuestro tercer disco, ‘Set the world on fire’, fue el más comercial y fue el único en el que pensamos concienzudamente con anterioridad porque Roadrunner, nuestra anterior discográfica, nos quería hacer más famosos y me pidió que compusiéramos algunos temas más comerciales. Para mí no fue nada difícil porque suelo escuchar desde Madonna a speed y heavy metal. Esto nos hizo perder parte de los seguidores más acérrimos en Europa, pero tampoco fue tanto error porque ‘Set the World on Fire’ fue el álbum que más vendió en Japón».
Sin embargo, no logró triunfar en Estados Unidos, lo que provocó que la banda no volviera a ser reclamada en los despachos de Roadrunner. El bajista Wayne Darley se apeó del viaje de inmediato, ya que se vio imposibilitado para currárselo en la gira japonesa de presentación del álbum.
En 2009, se reeditaba Set the World on Fire con el añadido de dos temas extras que se corresponden con la versión de «Hell Bent for Leather» (JUDAS PRIEST) que grabó la banda y con la versión acústica de la ya de por sí balada «Phoenix Rising».

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