martes, 28 de julio de 2026

OZZY OSBOURNE Y SU SURREALISTA ACTUACIÓN EN LA CÁRCEL DE WORMWOOD SCRUBS

 

Sin ningún tipo de oficialidad, el debut en directo del guitarrista Zakk Wylde con Ozzy Osbourne aconteció el 28 de julio de 1987 en la prisión de máxima seguridad de Wormwood Scrubs en Londres, Inglaterra. También suponía el regreso del bajista Bob Daisley. El evento se organizó tras una charla informal de Ozzy en un bar, donde aceptó de forma impulsiva tocar para los reclusos. Compartieron escenario con THE SCRUBS, una banda integrada por presos y guardias del propio centro penitenciario.

 

Antes de actuar, Ozzy se tomó un té con un recluso que resultó ser un asesino en serie, lo que provocó que el músico escupiera la infusión por la nariz del susto. El preso en cuestión había envenenado a ocho personas y el cantante debió considerar que no era necesaria una novena víctima.

 

Allí se mezclaría también con la variopinta banda con la que compartiría escenario. El bajista de la misma se erigía como el artífice de una de las mayores masacres de la historia criminal británica, al asesinar a 37 personas en una discoteca del Soho, prendiendo fuego el chiringuito. El guitarrista no era tampoco un santo, ya que cumplía condena por cargarse a porrazo limpio a un narcotraficante. Los demás en THE SCRUBS, supuestamente, eran trabajadores del centro.

 

Llegaba el momento esperado y Ozzy se subiría al escenario junto al guitarrista Zakk Wylde y el bajista Bob Daisley. En un bar cercano, se dispensan bebidas a los trabajadores de la cárcel. Más cerca, como no puede ser de otro modo, se encontraban los internos. Entre ellos, el vocalista cuenta sentir un olor tan intenso a marihuana que creyó haberse inmiscuido en una boda jamaicana. Igual estaba por ahí el cura también colocado. Quien sí estaba presente era otro de los muchos elementos ajenos a la bondad. Fue cuando Ozzy echó una mirada y descubrió entre la multitud a Jeremy Bamber, uno a quien se le antojó liquidar a toda su familia y para escaquearse trató de culpar a su hermana, una enferma mental. Ozzy recordaba las fotografías en los tabloides de tan deshumanizado ser, por lo que pudo advertir su presencia entre otros individuos que, seguramente, no repartían caramelos.

 

Y allí estaba Osbourne, entre la más granada chusma, dispuesto a cantar. Lo hizo, pero él y su grupo de acompañamiento tan solo interpretaron una única canción y de un modo un tanto atropellado: el clásico «Jailhouse Rock» de Elvis Presley. Mientras la tocaban el «rock de la cárcel», se produce una invasión de escenario en toda regla. El cabecilla de este asalto a las tablas no es otro que el personaje que trató de cortarle la cabeza al agente Keith Blakelock durante el infame motín de Broadwater Farm. Vaya usted a saber qué se proponía cuando indujo a sus compañeros a irrumpir en el escenario alocadamente. Por fortuna, Ozzy y su banda pudieron escapar ilesos y con las cabezas sobre los hombros.

 

Años más tarde, en su libro I Am Ozzy, Ozzy rememoró este episodio y llegó a catalogarlo como su «último buen recuerdo de los años 80». Era el año 1987.

 

Diego González.

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